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Perón y las AFJP

Pero por qué? (Parte 1)

“La gota que derramó el vaso”, es una de las frases más usadas para explicar una situación límite, de agotamiento, cuando algo inevitable hizo que una persona o cierta situación, explotara. En esa frase, queda implícita la existencia de una sumatoria de cosas latentes.

Para poder interpretar determinada situación límite, es necesario ir al fondo de la cuestión, conocer y entender esa seire de cosas (que, claro, también estaban en el fondo del vaso).

Si bien la crisis financiera norteamericana explotó este año y con mucha más fuerza durante el último mes, las condiciones que la provocaron se venían gestando desde hace tiempo. psicofxp.com se contactó con un especialista en el tema, Jorge Morgenstern, Economista Jefe de MVAS Macroeconomía, quien explicó qué circunstancias y qué escenarios produjeron esta delicada coyuntura.

En principio, a partir del año 2001, la Reserva Federal de Estados Unidos comenzó a bajar las tasas de interés que afectaban a todas las de la economía para permitir la recuperación de la economía norteamericana.

Por otro lado, a eso se le sumó la difusión de nuevas líneas de crédito, en especial de hipotecas que permitían, entre otras cosas, financiar todo a tasas inicialmente bajas.

Este tipo de productos permitió la adjudicación de hipotecas a muchas personas que antes, por su baja calificación crediticia (bajos ingresos u otros activos para demostrar solvencia), no podían acceder a ser dueños de viviendas. Este auge de las hipotecas se denominó “subprime”. Además, buena parte del subprime fue exitoso porque ante la ampliación de este mercado, se mantenía fuerte la demanda de casas que no paraban de subir sus precios.

Vale aclarar que en varios países, y más que nada en Estados Unidos, es viable obtener nuevos préstamos por la diferencia entre el valor de la casa de la que uno es dueño y lo que falte pagar de la hipoteca sobre la misma. Si se percibe que el precio de la casa seguirá subiendo, la ulterior hipoteca sacada se “pagaría sola” refinanciando la deuda, ya que cada vez sería una proporción menor del valor de la casa.

También es posible usar esa diferencia creada por el aumento de precio para sacar préstamos y darle otros usos. Este mecanismo y la posibilidad de tener un “cajero automático” creado por el incremento del valor de la casa comprada con una hipoteca se resquebraja si el valor de éstas deja de subir y comienzan a caer.
Y eso fue lo que comenzó a pasar a comienzos de 2006, mientras que en simultáneo, la Reserva Federal volvió a subir las tasas de interés para evitar un aumento de la inflación y parar, de alguna forma este mecanismo y lo que ya se empezaba a notar en la economía norteamericana: una burbuja.

Una “burbuja financiera” es cuando, sin que haya razones fundamentales detrás, mucha gente compra algo por la percepción de que va a seguir subiendo de precio y al cambiar esa impresión genera que su explosión.

Otro factor fundamental, fue la innovación en la forma de vender y otorgar esos préstamos y, a su vez, lo que los bancos hicieron con esas deudas. Para comprender este fenómeno, hay que tener en cuenta que dar un préstamo implica asumir el riesgo de que el deudor no pague a cambio de obtener el rendimiento que viene de la tasa de interés que se le cobra.

Sigamos. Por un lado, en los últimos años se separó la función del que vendía el préstamo y del que quedaba como acreedor. Las empresas dedicadas a la venta no tenían, probablemente, los incentivos para verificar la capacidad del deudor de devolver el préstamo, sino que les convenía prestar cuanto se pudiera sin importar a quien. Es decir que el riesgo le quedaba al banco que prestaba el dinero.

Pero, después, los bancos comenzaron a derivar ese peligro: con un conjunto de deudas por cobrar de las hipotecas, armaban un paquete y se lo vendían a otro agente, más propenso a asumir riesgos, y recibían la recompensa del rendimiento. Los bancos hipotecarios obtenían fondos para seguir prestando y los bancos de inversión buscaban quedarse con esos paquetes para alcanzar mayores beneficios.

A su vez, los bancos de inversión no recibían los depósitos de caja de ahorro o plazos fijos, sino que usaban el dinero que la gente ponía en fondos de inversión, buscando explícitamente obtener mejores rendimientos como fuere posible, aunque implicara un mayor riesgo.

Por último, como esos paquetes juntaban derechos a cobrar sobre muchas hipotecas, ante los ojos de las empresas calificadoras de riesgo cumplían la consigna de colocar huevos en muchas canastas diferentes, lo que se llama en términos económicos, “diversificar el riesgo”. Y esto ameritaba una alta calificación crediticia.

Los bancos y fondos de inversión, que se imponían como norma de calidad invertir sólo en activos con alta calificación crediticia, no tuvieron problema en hacerlo en estos activos con hipotecas aunque, en su origen, hubieran sido otorgadas a gente con baja capacidad de pagarlas.

Cuando dejaron de subir los precios de las casas y las tasas de interés a pagar aumentaron, muchas de las hipotecas que se habían generado sólo por la burbuja se convirtieron en imposibles de pagarse. Del otro lado, los que tenían los paquetes con derecho a cobrar por esas hipotecas comenzaron a ver que su valor bajaba, por lo que ya no se esperaba que se pagara nada.

En conclusión, uno de los problemas más grandes que complican esta crisis es que, ahora, nadie sabe quiénes son los dueños de esos paquetes ni qué hipotecas están en cada uno –y quien la tenga, no lo dirá, porque si es un banco y sus clientes se enteran que la plata la invirtieron en algo que no va a poder cobrar, van a retirar sus depósitos.

Ahora, poco a poco, los bancos están haciéndose cargo de las pérdidas de valor de sus activos basados en hipotecas, pero el asunto es que cuando la proporción de éstos en el total de sus activos sea muy alta, reconocer las pérdidas implica que su patrimonio neto caiga mucho. En algunos casos, termina siendo nulo o negativo, es decir, que la empresa quiebra. Entonces, todos los actores del sistema financiero, si tienen estos activos buscan venderlos, evitan comprarlos y no le prestan a otros bancos o fondos por temor a que puedan llegar a quebrar.

Esta situación de incertidumbre y búsqueda de lo seguro, se termina trasladando a todo el sistema financiero (estadounidense y mundial) y afectando la generación de nuevos créditos en todo el globo.

Eh!!!!!!!!!!!!



Cuanta plata no? mientras unos quiebran otros se agrandan. Las crisis las hacen los peces gordos, para que los chicos y medianos caigan, y asi poder adquirirlos.



(Qué inteligente soy)

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Como el viernes pasado me colgué y no puse pelicula alguna, voy a poner ésta. Se llama "Esoteric Agenda", y es del palo de Zeitgeist.

Miedo a los blancos

No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.

La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!

Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.

Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro "Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día"!

No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?

Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:

¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.

¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.

¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.

¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]

¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.

¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.

¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco

¿La esclavitud? ¡Blanquitos!

Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.

Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de 'NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. "El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro...el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro...EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO...". No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?

Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como "carne" en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo "horripilante" que había sido ver a ese "pobre conejito" golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de "Para mayores de 18 años" en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.

Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: "No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas". Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.

Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como "crimen". Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.

No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a "todos los cerdos" de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.

Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con "Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo."? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash ("Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks ("Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen ("Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)

¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? "Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas" (Wu-Tang Clan), "Gente, usad vuestros cerebros para ganar" (Ice Cube), "Una madre soltera viviendo de la beneficiencia...dime cómo lo hiciste" (Tupac Shakur), "Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador" (Master P).

Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.

Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.

Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.

¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: - Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. - Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto - Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas - Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.

Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.

Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.

Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir "Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos". Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.

En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la "antigüedad".

Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a "mi amigo -que es negro-...". Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir "Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color".

Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.

No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es "hace mucho tiempo". En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.

Elogio al fracaso

El éxito suele ser el espejismo del hoy. Muchísimos fracasos son la posteridad del mañana. Vallejo no sólo murió en la miseria sino también en el ninguneo. Un gramo de la fama de Clemente Palma hubiera querido el cholo Vallejo en el París con aguacero y pescuezos de pollo como cena. ¿Y quién es Clemente Palma? Un célebre devorado por el tiempo, una estatua de arena. ¿Y quién es Augusto Aguirre Morales, el de “El pueblo del sol”? Una posteridad de serpentinas que el tiempo se llevó. ¿Y quiénes son Lora o Sassone, titanes literarios de su ayer? El éxito es un malentendido y el fracaso, un veredicto oscuro. Por eso yo aprecio a los que no salen en la tele, donde salen los que no tienen qué decir aunque lo digan de modo inmejorable. Amo a los tímidos y a los que jamás serán molestados por un autógrafo. Siento una infinita ternura por los tartamudos, los que agachan la mirada ante la agresividad, los que no encuentran las palabras para declararse a la mujer que los sobresalta, los despedidos de turno, los desheredados de terno lustroso. Los que pudiendo gritar de rabia hallan la calma, los que miran a los lobos sin envidia, los engatusados por genealogía, los descendientes de las derrotas, los tataranietos de los colmos, los que se apagan en silencio, los que jamás entrarán al club Regatas, los carne de cañón. Los cargadores, los últimos que jamás serán los primeros, los que están al medio de las colas en los hospitales públicos, los que ya no tienen mejilla que ponerle a la infamia, los que conservan la esperanza tomando un kirma aguado en la mañana, las mujeres que se quedaron tan solas como al comienzo. Los hombres que lo perdieron todo, los que se creen poco y valen mucho, los que leen sin anteojos de cerca siendo présbitas, los que bajan desolados las escaleras del poder judicial, los que no aceptan que todo siga igual aunque todo siga igual desde que nacieron, las dulces mujeres que toman una sopa knorr sirviéndose de los bordes del plato, los palestinos que sólo saben de metralla. Hemos creado un mundo donde el éxito, determinado por un consenso, por lo general imbécil, es la meta y donde el fracaso es una fosa común para todos los demás. Si alguien es demasiado crítico, o demasiado creativo, o demasiado loco, o demasiado preguntón, es rechazado por los empleadores de mayor cuantía. Y esto es así porque eso de la era de la información es un cuento de chino opiómano. Al contrario: mientras más reduccionista sea tu cultura, mientras menos informado estés, mientras más ignorancias contengas, mientras más prejuicios te dominen, te irá mejor en la “era de la información”. De allí el divorcio entre tecnología y humanidad, entre innovación y valores. Nos llenan de artefactos inútiles para distraernos mientras lo mejor del esfuerzo técnico se desarrolla en laboratorios de la muerte. Cómo matar más rápido y económicamente, cómo diezmar sin bajas propias, cómo devastar sin esperar respuesta: tales son las metas científicas a las que se les dedica la mayor cantidad del dinero que los Estados Unidos imprime con cada vez más impunidad fiscal. De tal modo que me pregunto: en un mundo donde la mayor parte de los libros son prescindibles, donde la literatura preferida es la de los aeropuertos, donde la ciencia mayor se dedica a perfeccionar el crimen, donde el desarrollo produce desempleo y la globalización mata las singularidades, en ese mundo que desprecia a sus mejores mentes y adora a Shakira, en ese mundo mandado hacer por idiotas belicosos, ¿qué es éxito y qué es fracaso? ¿Será un éxito adocenarse en una corporación de grandes sueldos? ¿Será fracaso ser consecuente con lo que se piensa y ser relegado? ¿Será éxito decirle sí a Bush y a los suyos? ¿Será fracaso ser apaleado a las puertas del Banco Mundial? ¿Será éxito ser como esos columnistas liberales a los que no les cabe ni la menor duda? ¿Será fracaso cuestionar este fandango? ¿Será éxito ser una callejera del periodismo y subirse a todos los carros del poder? ¿Será fracaso ser despedido por los callejeros del periodismo por reservarse una opinión? ¿Será éxito no tener compasión social? ¿Será fracaso llorar a solas por las ballenas que los japoneses siguen matando? ¿Será un éxito soñar sólo con dar órdenes? ¿Y fracaso será recibirlas sin hacerles demasiado caso?